Samaya y el Yoga

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Profesora asociada de la Escuela de Yoga Naradeva


El camino de la consciencia

La primera vez que asistí a una clase de Yoga tenía poco más de veinte años. Llegué a ella como por casualidad y, todavía hoy, unos quince años después, me maravillo de la fascinante impresión que en mi produjo esta disciplina milenaria.
Recuerdo, como si fuera hoy, que con la ejecución de cada ejercicio aumentaba en mí la confianza, que en cada pausa, entre una asana y la siguiente, la sensación placentera se iba incrementando, recuerdo como me olvidaba de todo progresivamente al ir concentrándome en la respiración. Al final de esa primera clase sentí que, tras más de una hora de ejercicios y de unos minutos de relajación, no me notaba cansada en absoluto; al contrario, me encontraba llena de vitalidad y a la vez increíblemente tranquila, deliciosamente en calma.

samaya profesora de yoga, escuela naradeva

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Todavía me pregunto algunas veces por qué obedecería entonces a aquel primer impulso que me situó en las puertas del Yoga. Ahora, a mis treinta y ocho años, empiezo a entenderlo y, en todo caso, me alegro infinito. Desde ese primer día y pese a mi naturaleza, poco dinámica y deportiva, la práctica del Yoga se ha instaurado en mi vida como una necesidad, como una “obligación” ineludible. Tanto por la constatación a lo largo del tiempo de los enormes beneficios que me proporciona a nivel físico, como por la certeza absoluta de que la práctica del Yoga me devuelve a lo mejor de mí.

Al poco tiempo de iniciar mi andadura por el sendero del Yoga, consideré la posibilidad de dedicarme a ello profesionalmente, pero entonces pudieron más otro tipo de consideraciones que me llevaron a ejercer unos siete años como profesora de enseñanza de humanidades en secundaria y otros siete, tras reconvertirme, en el mundo del marketing y la publicidad. En estos dos ámbitos de trabajo crecí profesional y personalmente; desarrollé mi labor con acierto y soltura, obteniendo reconocimiento y consideración.
Pero finalizando el año 2007, y con esa práctica personal y habitual de Yoga como “carrera de fondo”, decido dar un cambio sustancial en la forma de entender y vivir mi vida. Dejo mi puesto de Directora de Comunicación,  en una importante empresa de publicidad, para adentrarme de lleno e involucrarme todo lo posible, en el conocimiento, la práctica y la difusión del Yoga.
Desde entonces me hallo inmersa en este proceso cuya formación, intuyo, durará toda la vida. Este hecho me hace crecer personalmente cada día, de modo que para mí ya tiene sentido sin más. Sin embargo, al mismo tiempo aspiro a compartir cuanto sé y voy aprendiendo con todos aquellos a quienes mueve la necesidad de sentirse bien y de disfrutar de la vida. Tengo la certeza absoluta de que el mejor procedimiento para lograr este objetivo, si no el único, es el Yoga. El Yoga, tal cual lo entiende y lo enseña la Escuela a la que pertenezco desde hace tantos años: NARADEVA.

Om Shanti

“El profesor de yoga transfiere lo que tiene en  lo más profunfo de su estructura. No es una cuestión de pose.

Hay un largo camino de búsqueda y evolución hasta encontrar lo que queremos transmitir.”

Ananta

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